4/7/2014

Chale, pinchi Lahire II

En el caso de los que son llamados, según las situaciones, «tránsfugas de clase», «desclasados por arriba», «desarraigados», «autodidactas», «becarios» o los «milagrados» y que han superado sus condiciones sociales de origen [sic] por la vía escolar, se trata de una clara oposición entre dos grandes matrices de socialización contradictorias (el universo familiar y el universo escolar), cuyos valores simbólicos son socialmente distintos en el marco de una sociedad jerarquizada (prestigioso/desvalorizado); alto/bajo; dominante/dominado…), que conduce a la heterogeneidad de hábitos y esquemas de acción incorporados a organizarse en forma de escisión del yo, de un conflicto interno central que organiza (y estorba) cada momento de la existencia.


Chale, pinchi Lahire

Para que el actor no pueda seguir haciéndose la ilusión de  la unidad de si mismo, de una relativa coherencia identitaria, y para que la contradicción principal aparezca en forma de una doble identidad,  […] habrá tenido que vivir experiencias de socialización muy particulares. Generalmente, habrá tenido que estar sometido, de manera bastante precoz, a experiencias socializadoras sistemáticamente contradictorias. La situación puede ser propia de un universo […] o poner en escena dos grandes universos contradictorios (e.g. el universo familiar popular y el universo escolar, el caso de los «becarios» que se convertirán en «tránsfugaz de clase».

24/6/2014

Culerito el Passeron, pero tan acertado



"Los conceptos estenográficos son numerosos, precisos, portadores de conocimientos empíricos, instrumentos de comunicación, No constituyen los elementos de un paradigma, ni siquiera en gestación. Más no hay que subestimar ni el rol desempeñado por los conceptos estenográficos en la ordenación de los resultados empíricos, ni la ilusión teórica que animan por el hecho mismo de su semi-abstracción. Forjados por los sociólogos para estabilizar la significación de sus resultados mejor establecidos y solidarios de un tratamiento de datos capaz procurarles una definición, si no genérica, al menos indicativa, estos conceptos simbolizan con tanta más insistencia la lengua abstracta de la sociología en cuanto que la generalidad de su uso incita a olvidar su falta de acabado teórico. Se les atribuye, así, la generalidad conceptual de la que carece la lengua sociológica.

Acomodándose a la diversidad de dialectos teóricos en la medida en que la lengua sociológica no valida ni invalida ninguno y convertida de este modo en el bien común de la mayor parte de los sociólogos, la lengua abstracta constituida por la agregación mecánica de conceptos estenográficos se presta fácilmente a la sobrestimación teórica por la función práctica de comunicación que satisface: autoriza, en efecto, a aquellos que la hablan y la entienden a pensarse como una comunidad científica de derecho común. Se conoce el valor que reviste en las situaciones de abigarramiento lingüístico la existencia de una koiné o de un saber que permita al precio de renunciar a comunicar ciertos recortes del significado y por un acuerdo tácito sobre la aceptación de los malentendidos, un mínimo de comunicación entre compañeros deseosos de intercambiar sus producciones. Una función de este tipo es la que desempeña en la comunicación social entre sociólogos una lengua que sólo es una lengua teórica por aspiración. Hecha de palabras o de palabras-frases, esta lengua funda sobre la ausencia de una gramática una intercomprensión aproximativa a través del léxico. Basta con analizar en los intercambios de coloquios, las transiciones verbales de los trend-reports, las influencias de escuela o las críticas de las reseñas de trabajos, el sentido parcial con el que se satisface la presunción acumulatividad, o el pretexto para la polémica, para convencerse, a la vez, de la débil intensidad de la comunicación científica en sociología y de la afectación con la que casi todos la ignoran o la evaden con eufemismos.

No habría que extrañarse: aquí, como en todos lados, el grupo profesional sigue sus intereses inmediatos. En ausencia de una comunicación científica en sentido fuerte, que supondría la posesión largamente compartida de una lengua teórica, e incapaces de identificar las coacciones que definen el espacio asertórico del razonamiento sociológico, un silencio cómplice sobre el «ruido» que representa para cada uno lo esencial deja palabra del otro participa de la defensa del cuerpo profesional. La ficción de comunicación manifestada con ostentación en la exuberancia de coloquios o la seriedad semiconvencida de las reseñas, satisface a la vez el intercambio de reconocimientos privados y la reivindicación de todos al reconocimiento científico de la comunidad profesional por las instancias exteriores. Hacer esta constatación, insistimos, no es volver a excluir a la sociología del campo de los trabajos científicos: es solamente una invitación a definir mejor el tipo de cientificidad que erige. Tampoco es olvidar lo que se opera aún de «control cruzado» en una comunicación, a la vez atenuada y sobrevaluada. Pero si la comunidad sociológica no es más que una «comunidad de aspiración» que se confunde, o que se entiende demasiado bien sobre la ambigüedad teórica de sus intercambios, el juego convenido del interreconocimiento profesional procura al menos una familiaridad difusa con los criterios de la regulación metodológica, la cual constituye el único mecanismo social capaz de defender un mínimo de exigencias científicas contra pretensiones multiformes de los discursos comunes o literarios sobre la sociedad."


Jean Claude Passeron




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